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18 septiembre 2007

VUELTA AL TRABAJO

¡Hola a todos! Pronto nos veremos y quiero aportar mi granito de arena para la elección de los próximos libros que comentaremos. Aunque no están en ninguna lista de las que habéis mandado, yo elegiría uno de Umbral (Trilogía de Madrid, Mortal y rosa) como recuerdo y homenaje a este gran escritor; sería para ocubre. En noviembre, elegiría a Vila-Matas con El mal de Montano ( ¿sabéis que este mal es el del novelista que enferma de literatura?).

02 diciembre 2006

De novelas... ?Cómo empiezan?

24. Soy un hombre enfermo... Soy un hombre despechado. Soy un hombre antipático. Creo que padezco del hígado. sin embargo, no sé nada de mi dolencia ni sé a ciencia cierta de qué padezco. No estoy en tratamiento ni nunca lo he estado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Por a?adidura, soy sumamente supersticioso, al menos lo suficiente para respetar la medicina. (Soy lo bastante culto para no ser supersticioso, pero soy supersticioso.) No se?or, me niego a ponerme en tratamiento por puro despecho. He ahí algo que ustedes probablemente no comprenden. Ahora bien, yo sí lo comprendo. Yo, por supuesto, no sabría explicarles contra quién precisamente va dirigido mi despecho en este caso; sé perfectamente que no puedo "jorobar"a los médicos por el hecho de no consultar con ellos; sé mejor que nadie que el único perjudicado en esto soy yo y sólo yo. En todo caso, si no me pongo en tratamiento es por despecho. ?Que mi higado está mal? ?Bueno, pues que se ponga peor!
Así llevo viviendo desde hace largo tiempo: unos veinte a?os. Ahora tengo cuarenta. Antes era funcionario público, pero ahora no lo soy. Era un mal funcionario: grosero y gustoso de serlo. En todo caso no me dejaba sobornar, por lo que eso, al menos, me servía de compensación.

13 noviembre 2006

De novelas...

Arranque.
22. El martes me desperté a esa hora inanimada y nula en que la noche ya está por terminar y sin embargo todavía no ha nacido el alba. Descansaba en una luz turbia y mi cuerpo sentía un temor mortal que me oprimía el alma, y el alma a su vez oprimía el cuerpo..., y hasta la menor de mis partículas se contorsionaba en el presentimiento atroz de que no ocurriría nada, nada cambiaría, nunca pasaría nada, y aun cualquier cosa que se emprendiese no sucedería nada y nada. Los sue?os, que me habían despertado luego de molestarme durante la noche, explicaban las razones de ese espanto.

14 octubre 2006

De novelas... ?Cómo empiezan?

22. Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé. He recibido un telegrama del asilo: "Madre fallecida. Entierro ma?ana. Sentido pésame". Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.
El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús de las dos y llegaré por la tarde, así­ podré velarla y regresaré ma?ana por la noche. He pedido a mi patrón dos días de permiso que no me podía negar con una excusa semejante. Pero no parecí­a satisfecho. Llegué incluso a decirle: "No es culpa mí­a". No respondió. Pensé entonces que no debí­a habérselo dicho. Por supuesto, no tenía por qué disculparme. Era a él, más bien, a quien correspondía darme el pésame. Pero lo hará sin duda pasado ma?ana, cuando me vea de luto. Por el momento, es un poco como si mamá no hubiese muerto. Después del entierro, por el contrario, será un asunto resuelto y todo habrá revestido un aire más oficial.

28 septiembre 2006

De novelas...?Cómo empiezan?

Estaba buscando un sitio tranquilo para morir. Alguien me recomendó Brooklyn, de manera que al dí­a siguiente salí­ de Westchester y fui para allá a reconocer el terreno. No habí­a vuelto en cincuenta y seis a?os, y no me acordaba de nada. Mis padres se habí­an ido de la ciudad cuando yo tení­a tres a?os, pero el instinto me llevó al barrio donde habí­amos vivido, arrastrándome como un perro herido al lugar donde nací­.
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19 septiembre 2006

De novelas...?Cómo empiezan?

20. "Nunca he dado principio a una novela con tanto recelo. Si la llamo novela es únicamente porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso, y no acaba ni en muerte ni en boda. La muerte todo lo termina, y es, por lo tanto, adecuado final de cualquier narración; mas también concluye convenientemente lo que en bodas acaba, y yerran quienes, por alardear de avisados, hacen burla de aquellos desenlaces que la costumbre ha dado en llamar felices. Opina sanamente el vulgo que, sobre aquello que en desposorios termina, no es menester a?adir más. Cuando mujer y varón, tras la vicisitudes que se deseen, terminan por unirse, cumplen una función biológica, y el interés que suscitaron es trasladado a la generación venidera. Mas yo dejo al lector en el aire. Este libro está compuesto con mis recuerdos de un hombre a quien traté í­ntimamente con largos intervalos, y poco sé de lo que pudo acontecerle durante ellos. Supongo que ejercitando mi imaginación podré rellenar esos huecos y lograr, de esa manera, mayor coherencia para mi narración; pero no deseo hacerlo. Quiero limitarme a dejar escrito aquello que verdaderamente llegó a mi noticia"

30 agosto 2006

De novelas... ?Cómo empiezan?

19. "Crimen y castigo" 1866 F.Dostoyevski.

01 agosto 2006

De novelas...

Queridí­simos: he vuelto de Menorca. El mes de agosto estaré en Madrid. Me he alegrado mucho de encontraros en el blog. Envio mi peque?a contribución.

19. "En un atardecer muy caluroso de principios de Julio un joven salió de la peque?a buhardilla que tení­a alquilada en el pasadizo Stoliarny y se encamninó a paso lento y un tanto irresoluto hacia el puente Kamenny.
Habí­a logrado dar esquinazo a su patrona en la escalera. Su cuchitril se hallaba bajo la techumbre misma de un edificio alto de cinco plantas y más parecí­a alacena que habitación. La patrona que se lo alquilaba y le proveí­a de comida y servicio tení­a su propia vivienda en el piso inmediatamente inferior, y cuando el joven salí­a a la calle tení­a que pasar junto a la cocina de ella, cuya puerta, que daba a la escalera, estaba casi siempre abierta de par en par. Y cada vez que pasaba lo hací­a con cierta sensación de malestar y cobardí­a que le obligaba a fruncir el ce?o de pura vergüenza. Debí­a bastante dinero a la patrona y temí­a tropezar con ella."

02 julio 2006

De novelas... ?Cómo empiezan?

En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.
"Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas..."
No a?adio más, pero ambos no hemos sido nunca muy comunicativos dentro de nuestra habitual reserva, por lo cual comprendí­ que, con sus palabras, querí­a decir mucho más. Queda dicho que tengo una gran tendencia a reservarme toda opinión, hábito que me ha facilitado el conocimiento de las más extraordinarias naturalezas, y también me ha hecho víctima de no pocos latosos sempiternos. Cuando esta cualidad aparece en una persona normal, es captada en el acto por la mente anormal, que inmediatamente se adhiere a ella; así­ fue como, en la Universidad, se me acusaba, con toda injusticia, de ser un político porque conocía los secretos agravios de desenfrenados y desconocidos seres. La mayor parte de las veces, no iba a la caza de confidencias; en muchos casos, al advertir, por alguna inequí­voca se?al, que en el horizonte rondaba una revelación í­ntima, he fingido sue?o, preocupación o una hostil indiferencia; las revelaciones í­ntimas de la juventud, o al menos sus términos de expresión, suelen ser plagios y estar desfigurados por supresiones más que evidentes. Reservarse opiniones es asunto de infinito alcance.

18 junio 2006

De novelas...?Cómo empiezan?

Sobre el sofa del comedor habí­a gruesas cuerdas rojas, blancas y verdes, los colores de la bandera nacional, además de trozos de cordel, pedazos de papel y un ejemplar roto del periódico local, con el nombre y el a?o impresos en grandes letras en la portada: Gaceta de Sórszeg, 1899.
Junto al espejo, ba?ado por la brillante luz del sol, un calendario mostraba la fecha: viernes, 1 de septiembre.
El reloj de pared -resguardado en su caja de cristal con marco de madera ricamente labrada- seccionaba con el vaivén de su péndulo de latón el dí­a, que parecí­a infinito, y marcaba la hora: la una y media.
Los padres preparaban el viaje en el comedor.

17 mayo 2006

De novelas...

Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí­. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehí­culo. Me ayudaron. Yo solo no habrí­a llegado nunca. Quizás estoy aquí­ gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles, tanto dinero. Sí­, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí­ lo que ahora me gustarí­a es hablar de las cosas que aúşn me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez. No me dejan. Sí­, parece que son varios. Pero siempre viene el mismo. Más tarde, más tarde, me dice. Bueno. La verdad es que mucha voluntad ya no me queda. cuando viene a recoger los nuevos papeles trae los de la semana anterior. Vienen se?alados con signos que no comprendo. Tampoco me tomo la molestia de releerlos. Y cuando no he hecho nada no le doy nada y gru?e un poco. Pero no trabajo por dinero. ?Por qué trabajo? No lo sé. No se gran cosa, si he de ser franco. La muerte de mi madre, por ejemplo. ?Habí­a muerto ya cuando llegué? ?O murió más tarde? Muerta para enterrarla, quiero decir. No lo sé.
(Así­, cien páginas más, sin diálogos ni puntos y aparte.)

12 abril 2006

De novelas...

Reveria brilla, el borde del planeta delimitado en una confusión luminosa producto de su atmósfera, sus mares, vastos y poco profundos, centellean, sus grandes continentes de coral sobresalen marrones, verdes y blancos entre deshilachadas nubes. El cielo sobre Telset, mi ciudad isla, es tan lí­mpido como el cristal del zoom de una cámara; antes de pasar la proyección he tenido cuidado de conectar con los satélites metereológicos. El efecto es hipnółtico y relajante; la cámara desciende rápidamente de arriba hacia abajo, pasando de una vista general de la ciudad a un distrito y luego a una simple calle, una persona, a mí­, y mi propia imagen se infla hasta llenar por completo la pantalla.

23 marzo 2006

De novelas...

Voy a contar ahora otra aventura, aún más extra?a...
Sudor. Fuks avanza. Yo tras él. Pantalones. Zapatos. Polvo. Nos arrastramos. Arrastramos. Tierra, huellas de ruedas en el camino, un terrón, reflejos de piedecillas brillantes. Resplandor. Calor infernal, hirviente. Un sol cegador. Casa, cercas de madera, campos, bosques. Este camino, esta marcha, de dółnde, cómo, para qué hablar más. La verdad era que estaba harto de mis padres y de toda la familia; quería superar al menos un examen y disfrutar del cambio; alejarme, pasar algún tiempo en otro sitio. Me fui a Zakopane y cuando andaba por el camino de Krupowki, buscando una pensión barata me encontré con Fuks, rubio deste?ido, ojos saltones y mirada abúlica. Se alegró y me alegré. ?Cómo estás?, ?qué haces?, ando buscando una habitación; yo también, tengo la dirección de una casa, más barata porque se halla un poco lejos del centro, casi en las afueras. Caminamos, pantalones, tacones enterrados en la arena, camino, calor, miro hacia abajo, tierra, arena, chispean los guijarros, uno, dos, uno, dos, pantalones, zapatos, sudor, somnolensia en los ojos insomnes durante el viaje por tren. Y nada sucede sino esa marcha que nos reduce al nivel del suelo. Fuks se detuvo.

26 febrero 2006

De novelas...

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querran saber es dónde nací­, cółmo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hací­an mis padres antes de tenerme a mí, y demás pu?etas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les darí­a un ataque si yo me pusiera aquí­ a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autografí­a con pelos y se?ales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí­ a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. El será quien me lleve a casa cuando salga de aquí­, quizá el mes próximo.

21 febrero 2006

De novelas...

13. "CorazĂłn tan blanco". 1992. Javier MarĂ­as.

15 febrero 2006

De novelas

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que le siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él.

10 febrero 2006

De novelas

12. Joseph Conrad. "El corazĂłn de las tinieblas" 1902.

04 febrero 2006

De novelas...

12. El Nellie, un bergantí­n de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin que una sola vibración agitara sus velas y permaneciół inmółvil. El flujo de la marea se habí­a detenido, casi no soplaba viento y, como habí­a que continuar río arriba, lo único posible era detenerse y esperar el cambio de marea.
El estuario del Támesis se extendí­a ante nosotros como el comienzo de una interminable senda de agua. Allá­ lejos el cielo y el mar se uní­an en una lí­nea indefinida, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los naví­os que subí­an con la marea parecí­an racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que brillaban las botavaras barnizadas. La niebla que trepaba por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí­ desaparecí­a suavemente. La oscuridad pendí­a sobre Gravesend, y más lejos aún, parecí­a condensarse en un lúgubre manto que envolví­a la ciudad más grande y poderosa del universo.

28 enero 2006

De novelas...

10. Bravo, Efímera. No me cabe duda de que podrías "tutelarnos" un plan de lecturas de autores americanos. ¿Qué tal para el próximo curso con el verano por delante para leerlos?

ll. Ahora, por las calles de Madrid.

A las cuatro de la tarde , la chiquillería de la escuela pública de la plazuela del Limón, salió atropelladamente de clase, con algazara de mil demonios. Ningún himno a la libertad, entre los muchos que se han compuesto en las diferentes naciones, es tan hermoso como el que entonan los oprimidos de la enseñanza elemental al soltar el grillete de la disciplina escolar y "echarse a la calle" piando y saltando. La furia insana con que se lanzan a los más arriesgados ejercicios de volatinería, los estropicios que suelen causar a algún pací­fico transeúnte, el delirio de la autonomía individual que a veces acaba en porrazos, lágrimas y cardenales, parecen bosquejo de los triunfos revolucionarios que en edad menos dichosa han de celebrar los hombres... Salieron, como digo, en tropel; el último querí­a ser el primero, y los pequeños chillaban más que los grandes. Entre ellos había uno de menguada estatura, que se apartó de la bandada para emprender solo y calladito el camino de su casa. Y apenas notado por sus compañeros aquel apartamiento que más bien parecía huida, fueron tras él y le acosaron con burlas y cuchufletas,...