Las hormigas
Tracey Hill era niña en un pueblo de Connecticut, y practicaba entretenimientos propios de su edad, como cualquier otro tierno angelito de Dios en el estado de Connecticut o en cualquier otro lugar de este planeta.
Un día, junto a sus compañeritos de la escuela, Tracey se puso a echar fósforos encendidos en un hormiguero. Todos disfrutaron mucho de este sano esparcimiento infantil; pero a Tracey la impresionó algo que los demás no vieron, o hicieron como que no veían, pero que a ella la paralizó y le dejó, para siempre, una señal en la memoria: ante el fuego, ante el peligro, las hormigas se separaban en parejas, y de a dos, bien juntas, bien pegaditas, esperaban la muerte.
(...)
Teología/2
El dios de los cristianos, Dios de mi infancia, no hace el amor. Quizás es el único dios que nunca ha hecho el amor, entre todos los dioses de todas las religiones de la historia humana. Cada vez que lo pienso siento pena por él. Y entonces le perdono que haya sido mi superpapá castigador, jefe de policía del universo, y pienso que al fin y al cabo Dios también supo ser mi amigo en aquellos viejos tiempos, cuando yo creía en Él y creía que Él creía en mí. Entonces paro la oreja, a la hora de los rumores mágicos, entre la caída del sol y la caída de la noche, y me parecde escuchar sus melancólicas confidencias.
(...)
El mundo
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros areden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
(El libro de los abrazos, Eduardo Galeano, en AMARES, Alianza Editorial)
11 febrero 2007
A modo de provocación...
III Presencias
I
El lenguaje existe, el arte existe, porque existe "el otro". Es verdad que nos dirigimos a nosotros mismos en constante soliloquio, pero el medio de ese soliloquio es el del habla pública: contraída, hecha privada y, quizá, críptica por medio de referencias y asociaciones ocultas pero fundamentadas, sin embargo, y hasta el límite incierto de la conciencia, en un vocabulario y una grmática heredados y determinados histórica y socialmente. Las invenciones autistas y las construcciones solipsistas son concebibles. Es concebible la idea de un poeta escribiendo versos en una lengua privada o destruyendo lo que ha escrito, la de un pintor que se niega a mostrar cualquier lienzo a otros ojos que no sean los suyos, la de un compositor que "interpreta" su partitura en una audición muda y puramente interior. Aparece en los cuentos góticos de aislamiento. Además, sabemos de maestros que han escondido o destruido sus producciones (Gógol quema la segunda mitad de Almas muestras), aunque lo hacen precisamente bajo la presión de la intrusión del otro. A causa de las exigencias de la presencia del otro, un creador puede, en circunstancias extremas, intentar conservar para sí mismo o para un olvido voluntario lo que son, de modo irremediable, actos de comunicación y tentativas de encuentro...
(George Steiner, Presencias reales, ed. Ensayos / Destino)
I
El lenguaje existe, el arte existe, porque existe "el otro". Es verdad que nos dirigimos a nosotros mismos en constante soliloquio, pero el medio de ese soliloquio es el del habla pública: contraída, hecha privada y, quizá, críptica por medio de referencias y asociaciones ocultas pero fundamentadas, sin embargo, y hasta el límite incierto de la conciencia, en un vocabulario y una grmática heredados y determinados histórica y socialmente. Las invenciones autistas y las construcciones solipsistas son concebibles. Es concebible la idea de un poeta escribiendo versos en una lengua privada o destruyendo lo que ha escrito, la de un pintor que se niega a mostrar cualquier lienzo a otros ojos que no sean los suyos, la de un compositor que "interpreta" su partitura en una audición muda y puramente interior. Aparece en los cuentos góticos de aislamiento. Además, sabemos de maestros que han escondido o destruido sus producciones (Gógol quema la segunda mitad de Almas muestras), aunque lo hacen precisamente bajo la presión de la intrusión del otro. A causa de las exigencias de la presencia del otro, un creador puede, en circunstancias extremas, intentar conservar para sí mismo o para un olvido voluntario lo que son, de modo irremediable, actos de comunicación y tentativas de encuentro...
(George Steiner, Presencias reales, ed. Ensayos / Destino)
31 enero 2007
El lugar
Fuimos llegando uno a uno hasta desbordar el rincón que, de principio, Sara había conquistado en una esquina del concurrido local. Luego, tras desbordar aquel sitio, ocupamos tres mesas unidas que partía en horizontal la sala. Demasiada distancia para oirnos. Volvimos, más apretados, al lugar de inicio. El espíritu de Faulkner sobrevolaba la estancia. Norma se ocupó de recordarnos alguna de su palabras y luego vino el caos. Entre Joaquín que se empeñó en leer Absalón como si fuera un cuento de hadas y Ana y Sara que consiguieron desentrañar, cada una a su manera, el jeroglífico, transcurrió el análisis. Carmen se congratulaba de la "oscuridad" del texto, Adela de su maestría, Pepe se mostraba absorto tras reconocer al escritor-genio y Silvia extrañada, tal vez como Joaquín, también hubiera necesitado de una segunda lectura. Casi todos la necesitabamos: Faulkner exije más dedicación y tiempo que cualquier otro escritor. Luego, cuando ya casi recogíamos, llegó Pura. Con tiempo para charlar y tomar algo. Menos Sara, Pepe y Ana, los demás (con nombres más largos de escribir) fuimos al Barandal, que ahora se llama Tasca de Madrid (o algo así). Ahora que ya no existe el Barandal, tal vez cobre más sentido el nombre de nuestro Blog. Lo celebramos con patatas a la madrileña, tortilla de lo mismo, lacón y croquetas. El lugar sigue igual de tranquilo y silencioso, lastima que los martes lo abran a partir de las ocho.
Absalón, Absalón
Mi primera vez la utilizo para daros la dirección de un artículo sobre el libro del martes: Absalón, Absalón de Faulkner. Creo que merece la pena leerlo:
http://www.salvador.edu.ar/gramma/37/07.pdf
Un beso para cada uno
http://www.salvador.edu.ar/gramma/37/07.pdf
Un beso para cada uno
28 enero 2007
No sin homúnculo
La semana comenzó con una nevada tardía y espectacular en las montañas e Irlanda se cubrió con un armiño blanco y las niñas de trenzas plateadas aterrorizaban a ancianas en Chicago. Ni el frío hizo que me repusiera de la confesión de mi admirada Esther Tusquets: soy adicta al Bingo y mi hijo me repudia, o algo así. Menos mal que la autora de El mismo mar de todos los veranos, ha aprovechado su ludopatía para escribir una nueva novela: ¡Bingo!
El lunes, analizábamos Fausto en El Mono Rojo y ayer viernes en el diario El Mundo, Norman Mailer revelaba que el narrador de su última novela - The castle in the forest- era el mismísimo diablo. Una voz omnisciente, como no podía ser menos, relata la infancia de un tal Adolfo, apellidado Hitler. Recuerdo como me gustó la intervención de la anciana judía, superviviente de un campo de concentración, en el museo de NY; más o menos dijo, con un humor envidiable, que estaba ya harta de tanta película, libro y conferencia sobre el monstruo del bigote, que así era imposible olvidarse de él.
Se reúnen unos señores en Davos y mientras toman champán y caviar hablan del renacimiento asiático, de los recursos energéticos y de la nueva multipolaridad. Me imagino a Mefistófeles con botas de esquí frotándose las manos. Algo huele azufre en Suiza.
A las puertas del teatro Alfil unos chicos con banderas nos increparon, y mi prima, que deja al mismísimo Bretón a la altura del betún, se puso a cantar el Salve Regina. Yo me hice la inglesa: no oía ni veía nada; uno de los muchachos la llamó loca y roja. Mi prima cantando la Internacional en latín sacó el móvil y comenzó a grabar. El más chulo se acercó a ella y en ese momento apareció Helena de Troya del brazo del homúnculo y los cruzados se desvanecieron. Pobre Bassi.
Una brisa gélida me corta las piernas al cruzar Serrano. Reunión con Soterraña; el acosador de RISA es inasequible al desaliento; me duele un ovario; y la archiduquesa austriaca aparece, de nuevo, en nuestras vidas. A JF le dan alta. Por fin, me siento en el sillón de orejas y leo una frase de Fellini:
“ Creo que cuando uno habla de lo que conoce, de sí mismo, de su familia, de su terruño, de la nieve, de la lluvia, del despotismo de la estupidez, de la ignorancia, de las esperanzas, de las fantasías, de los condicionamientos políticos o religiosos, cuando uno habla de la vida con sinceridad, sin querer aleccionar a nadie ni preconizar filosofías o transmitir mensajes, cuando uno lo hace con humildad y sobre todo con una visión proporcionada de las cosas, creo que lo que diga estará al alcance de todo el mundo y todos podrán identificarse con él”.
El lunes, analizábamos Fausto en El Mono Rojo y ayer viernes en el diario El Mundo, Norman Mailer revelaba que el narrador de su última novela - The castle in the forest- era el mismísimo diablo. Una voz omnisciente, como no podía ser menos, relata la infancia de un tal Adolfo, apellidado Hitler. Recuerdo como me gustó la intervención de la anciana judía, superviviente de un campo de concentración, en el museo de NY; más o menos dijo, con un humor envidiable, que estaba ya harta de tanta película, libro y conferencia sobre el monstruo del bigote, que así era imposible olvidarse de él.
Se reúnen unos señores en Davos y mientras toman champán y caviar hablan del renacimiento asiático, de los recursos energéticos y de la nueva multipolaridad. Me imagino a Mefistófeles con botas de esquí frotándose las manos. Algo huele azufre en Suiza.
A las puertas del teatro Alfil unos chicos con banderas nos increparon, y mi prima, que deja al mismísimo Bretón a la altura del betún, se puso a cantar el Salve Regina. Yo me hice la inglesa: no oía ni veía nada; uno de los muchachos la llamó loca y roja. Mi prima cantando la Internacional en latín sacó el móvil y comenzó a grabar. El más chulo se acercó a ella y en ese momento apareció Helena de Troya del brazo del homúnculo y los cruzados se desvanecieron. Pobre Bassi.
Una brisa gélida me corta las piernas al cruzar Serrano. Reunión con Soterraña; el acosador de RISA es inasequible al desaliento; me duele un ovario; y la archiduquesa austriaca aparece, de nuevo, en nuestras vidas. A JF le dan alta. Por fin, me siento en el sillón de orejas y leo una frase de Fellini:
“ Creo que cuando uno habla de lo que conoce, de sí mismo, de su familia, de su terruño, de la nieve, de la lluvia, del despotismo de la estupidez, de la ignorancia, de las esperanzas, de las fantasías, de los condicionamientos políticos o religiosos, cuando uno habla de la vida con sinceridad, sin querer aleccionar a nadie ni preconizar filosofías o transmitir mensajes, cuando uno lo hace con humildad y sobre todo con una visión proporcionada de las cosas, creo que lo que diga estará al alcance de todo el mundo y todos podrán identificarse con él”.
21 enero 2007
Absalón, Absalón!
Queridos contertulianos, os dejo algunas referencias para reflexionar y preparar el próximo encuentro:
UNO:
¿Qué significa eso de "leer con la pluma en la mano”?
Sí, buscaba una línea de guía, una estructura. Por aquella época ya escribía un poco, y leer a Faulkner me abrió los ojos a la invención formal. Y fue una idea que me excitó mucho. Además, Faulkner me dio la convicción firme de que un argumento siempre iba acompañado de una forma. No puede descuidarse el argumento. La forma no puede ser en sí una meta, un fin. Pienso que la ficción debe incluir siempre la experiencia humana. Como puedes ver, sigo siendo muy leal a la idea que de la novela tenía Faulkner.
(Fragmento de una entrevista a Vargas Llosa, con motivo de su visita a Oxford, a la tumba de Faulkner: magistral. Me han entrado ganas de leer todo Faulkner y de leer todo Mario Vargas Llosa y de irme a una isla desierta a producir...).
http://www.geocities.com/mvll01/vista49.html
DOS:
Entrevista (colosal) a Faulkner
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/faulkner.htm
TRES:
Biografía de Faulkner:
http://www.booksfactory.com/writers/faulkner_es.htm
UNO:
¿Qué significa eso de "leer con la pluma en la mano”?
Sí, buscaba una línea de guía, una estructura. Por aquella época ya escribía un poco, y leer a Faulkner me abrió los ojos a la invención formal. Y fue una idea que me excitó mucho. Además, Faulkner me dio la convicción firme de que un argumento siempre iba acompañado de una forma. No puede descuidarse el argumento. La forma no puede ser en sí una meta, un fin. Pienso que la ficción debe incluir siempre la experiencia humana. Como puedes ver, sigo siendo muy leal a la idea que de la novela tenía Faulkner.
(Fragmento de una entrevista a Vargas Llosa, con motivo de su visita a Oxford, a la tumba de Faulkner: magistral. Me han entrado ganas de leer todo Faulkner y de leer todo Mario Vargas Llosa y de irme a una isla desierta a producir...).
http://www.geocities.com/mvll01/vista49.html
DOS:
Entrevista (colosal) a Faulkner
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/faulkner.htm
TRES:
Biografía de Faulkner:
http://www.booksfactory.com/writers/faulkner_es.htm
18 enero 2007
Trescientos sesenta y cinco menos dieciocho
Hoy es pronto todavía. No es mía, la frase. Pero viene tan al caso. A tiempo para cumplir con esos compromisos con uno mismo como leer un libro, escribir unas líneas en el blog, dar un empujoncito al proyecto ese, decir una palabra amable pese a todo, ceder el asiento en el autobús de vuelta a casa, tan de noche, mientras un peso tirando del hombro te ladea, o ese tomo rectangular contra la cadera y el brazo en jarra, aguantando.
Hoy es pronto todavía cuando avanzo una página más (... un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad). Dice Alfonso que muchas "una página" hacen un montón, del que sale "algo" bueno. Hoy es pronto todavía, 347 días sin gastar y la cuenta acaba en siete. Será que estoy de buenas con el mundo.
Hoy es pronto todavía cuando avanzo una página más (... un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad). Dice Alfonso que muchas "una página" hacen un montón, del que sale "algo" bueno. Hoy es pronto todavía, 347 días sin gastar y la cuenta acaba en siete. Será que estoy de buenas con el mundo.
17 enero 2007
Vuelta al Blog
Después de una semana de intentos, he vuelto al Blog. De repente la pantalla me ha dicho cosas nuevas, no me ha pedido datos impertinentes, ni me ha insistido en claves ya dadas. Puro azar. Espero que los hados me vuelvan a ser favorables cuando se me ocurra escribir algo interesante.
16 enero 2007
Plan de Acción
Queridos contertulios,
Ya sé que la gripe, la cuesta de enero, el recalentamiento del globo y las múltiples responsabilidades de todos hacen que en El Barandal reine cierta desidia, por lo que sugiero que en la próxima reunión asignemos, a suertes, a cada uno de los miembros del Blog un día obligatorio de publicación de entrada, independientemente de las voluntarias. En fin, espero vuestros comentarios.
15 enero 2007
ABSALÓN
Enredé mis cabellos en el texto de Faulkner y quedé colgado como Absalón en las ramas del árbol. Confío en que no se acerque a mí ningún guerrero enemigo con intención de lancearme.
12 enero 2007
El perro de María José
Postrada en la chaise-longe, releo con mi ojo a la funerala las fichas con párrafos de Fausto. Las escribí hace tiempo, cuando estudiaba Derecho con mi amiga María José y corríamos con su perro – se me ha olvidado el nombre, qué horror-, y ella estaba enamorada del profesor de Trabajo y yo del de Historia y él de mi, y mi hermano tenía muchas novias y Lolita vivía y tomábamos café con leche en la Politécnica. A veces voy hacer fotocopias a la facultad, tan próxima a casa, y husmeo los recuerdos por los pasillos, si un día le digo al fugaz momento: “¡Detente! ¡ eres tan bello!, puedes entonces cargarme de cadenas, entonces consentiré gustoso en morir… Perdonad que me haya perdido, pero yo quería transcribir una líneas que considero muy adecuadas a la situación actual; a saber:
El Canciller: “…Más ¡ay! ¿Qué aprovechan al humano espíritu el entendimiento, al corazón la bondad y a la mano la diligencia, si el mal se desata con febril furor en el Estado y se propaga incubando nuevos males? Cuando uno desde este alto sitio, mira hacia abajo contemplando el vasto Imperio, esto le parece un sueño penoso, en que la monstruosidad ejerce su despótico poder entre monstruosidades, en que la anarquía reina legalmente y donde se desenvuelve un mundo de errores. Este roba hatos de ganado, aquel arrebata una mujer, un cáliz, una cruz y los candeleros del altar, y durante mucho años se jacta de ello con el pellejo sano y el cuerpo indemne. Entonces los querellantes corren en tropel a la sala de justicia; el juez se pavonea sobre su alto almohadón; entretanto, agítese ondulante en furiosa avenida, el creciente tumulto de amotinados. El uno tiene la avilantez de hacer gala de su infamia y sus fechorías; el otro se excusa con algunos cómplices más criminales, y tu oyes pronunciar la palabra culpable allí donde la inocencia está sola para defenderse a ella misma. Así es que todo el mundo intenta destrozarse y aniquilar lo que es justo y razonable. ¿Cómo se desarrollaría entonces el sentido, lo único que nos conduce a la rectitud? Al fin el hombre de buenas intenciones se baja ante el adulón y ante el corruptor; el juez que no sabe castigar acaba asociándose con el delincuente. Negro es el cuadro que os he pintado, y así, mejor hubiera querido yo correr sobre la pintura un velo más denso…”.
Fausto, de Johann Wolfgang Von Goethe. Segunta Parte, Acto Primero.
El Canciller: “…Más ¡ay! ¿Qué aprovechan al humano espíritu el entendimiento, al corazón la bondad y a la mano la diligencia, si el mal se desata con febril furor en el Estado y se propaga incubando nuevos males? Cuando uno desde este alto sitio, mira hacia abajo contemplando el vasto Imperio, esto le parece un sueño penoso, en que la monstruosidad ejerce su despótico poder entre monstruosidades, en que la anarquía reina legalmente y donde se desenvuelve un mundo de errores. Este roba hatos de ganado, aquel arrebata una mujer, un cáliz, una cruz y los candeleros del altar, y durante mucho años se jacta de ello con el pellejo sano y el cuerpo indemne. Entonces los querellantes corren en tropel a la sala de justicia; el juez se pavonea sobre su alto almohadón; entretanto, agítese ondulante en furiosa avenida, el creciente tumulto de amotinados. El uno tiene la avilantez de hacer gala de su infamia y sus fechorías; el otro se excusa con algunos cómplices más criminales, y tu oyes pronunciar la palabra culpable allí donde la inocencia está sola para defenderse a ella misma. Así es que todo el mundo intenta destrozarse y aniquilar lo que es justo y razonable. ¿Cómo se desarrollaría entonces el sentido, lo único que nos conduce a la rectitud? Al fin el hombre de buenas intenciones se baja ante el adulón y ante el corruptor; el juez que no sabe castigar acaba asociándose con el delincuente. Negro es el cuadro que os he pintado, y así, mejor hubiera querido yo correr sobre la pintura un velo más denso…”.
Fausto, de Johann Wolfgang Von Goethe. Segunta Parte, Acto Primero.
PS. El perro de María José se llamaba Blacky. Menos mal.
08 enero 2007
VOLVER
Expulsado del paraíso del blog, hoy de la mano de mi Angel de la Guarda(Norma) he vuelto para contar nuevas cosas. Después de tres días de gastritis bastante aguda me siento debil y muy despistado al penetrar de nuevo en este ámbito. Al fondo, solo veo las sombras demasiado solitarias de Efímera y de Norma. Hay muchos que ya no están: Adla, Cangreja, Gato, tal vez Luza, en ocasiones Ana, también Mariajo, y Carmen a la puerta, pidiendo entrar y no se si me olvido de alguien, Magdalena. Habría que recomponer este espacio donde las eñes volvieran a formar parte del paisaje. Me consta que Norma está en ello. De lo contrario el siete se quedaría mustio, como reducido a vanas espectativas. Y eso no puede ser. No debemos consentirlo.
03 enero 2007
Siete
Paloma, una alumna de El Mono Rojo, nos ha regalado algunas curiosidades para empezar el año:
Todo indica que el número siete está presente en muchos aspectos de la vida del hombre:
1) Los griegos interpretaban el siete como la unidad universal de los números.
2) Para los esotéricos el siete es el número del destino.
3) En la cultura judía el número siete es el que domina el ciclo del año. Cada séptimo día es Sabath, el séptimo mes es sagrado; el séptimo año es un año sabático.
4) El año del jubileo era determinado por el número siete, multiplicado por siete.
5) Los hindúes han descubierto siete chacras y los metafísicos hablan de siete niveles de conciencia.
6) Según la fe católica hay siete pecados capitales.
7) La historia recuerda que hubo siete plagas en Egipto.
8) Se habla de la serpiente de siete cabezas.
9) Dante nos describe siete infiernos.
10) Siete días le llevó a Dios crear el mundo y siete son los días de la semana.
11) Curiosamente también son siete los mares del planeta, siete los colores del arco iris, siete las notas musicales y se habla de las siete maravillas del mundo.
12) Sin contar que siete vidas tiene un gato, que están las botas de las siete leguas y hasta Blanca Nieves fue acompañada por siete enanitos...
En fin, Feliz 2007 para todos.
27 diciembre 2006
Escribir no me produce ningún placer.
Si pudiera volverle la espalda a la idea agazapada en la oscuridad, si pudiera abstenerme de abrirle la puerta para dejarla entrar, ni siquiera cogería la pluma.
Pero alguna que otra vez se produce una gran explosión: cristales, ladrillos y astillas atraviesan violentamente la fachada y un personaje se yergue sobre los escombros, me agarra por el cuello y me dice dulcemente: “No te soltaré hasta que me pongas en palabras, sobre el papel”.
Richard Bach
(autor de Juan Salvador Gaviota)
Pero alguna que otra vez se produce una gran explosión: cristales, ladrillos y astillas atraviesan violentamente la fachada y un personaje se yergue sobre los escombros, me agarra por el cuello y me dice dulcemente: “No te soltaré hasta que me pongas en palabras, sobre el papel”.
Richard Bach
(autor de Juan Salvador Gaviota)
24 diciembre 2006
La Rosa de Paracelso
En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, so?oliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.
El maestro fue el primero que habló.
- ?Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente –dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ?Quién eres y qué deseas de mí?
- Mi nombre es lo de menos –replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas de de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
- Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.
- El oro no me importa –respondió el otro-. Estas monedas no son más que una prueba de mi voluntad de trabajo. Quiero que me ense?es el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
- El camino es la Piedra. El punto de partida es la piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
- Pero, ?hay una meta?
Paracelso se rió.
- Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un Camino.
Hubo un silencio, y dijo el otro:
Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos a?os. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.
- ?Cuándo? –dijo con inquietud Paracelso.
- Ahora mismo –dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
- Es fama –dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por otra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.
- Eres muy crédulo –dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
- Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
- Eres crédulo –dijo-. ?Dices que soy capaz de destruirla?
- Nadie es incapaz de destruirla –dijo el discípulo.
- Estás equivocado. ?Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ?Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
- No estamos en el Paraíso –dijo tercamente el muchacho-, aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.
- ?En qué otro sitio estamos? ?Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ?Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?
- Una rosa puede quemarse –dijo con desafío el discípulo.
- Aún queda fuego en la chimenea –dijo Paracelso.
- Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
- ?Una palabra? –dijo con extra?eza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ?Qué habías para que resurgiera?
Paracelso le miró con tristeza.
- El atanor está apagado –repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.
- No me atrevo a preguntar cuáles son –dijo el otro con astucia o con humildad.
- Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos ense?a la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
- Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
- Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas. Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
- Además, ?quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ?Qué has hecho para merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
- Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos a?os que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
- Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá estén en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
- He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Se?or exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ?Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompa?ó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue pu?ado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.
Jorge Luís Borges.
El maestro fue el primero que habló.
- ?Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente –dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ?Quién eres y qué deseas de mí?
- Mi nombre es lo de menos –replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas de de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
- Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.
- El oro no me importa –respondió el otro-. Estas monedas no son más que una prueba de mi voluntad de trabajo. Quiero que me ense?es el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
- El camino es la Piedra. El punto de partida es la piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
- Pero, ?hay una meta?
Paracelso se rió.
- Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un Camino.
Hubo un silencio, y dijo el otro:
Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos a?os. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.
- ?Cuándo? –dijo con inquietud Paracelso.
- Ahora mismo –dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
- Es fama –dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por otra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.
- Eres muy crédulo –dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
- Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
- Eres crédulo –dijo-. ?Dices que soy capaz de destruirla?
- Nadie es incapaz de destruirla –dijo el discípulo.
- Estás equivocado. ?Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ?Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
- No estamos en el Paraíso –dijo tercamente el muchacho-, aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.
- ?En qué otro sitio estamos? ?Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ?Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?
- Una rosa puede quemarse –dijo con desafío el discípulo.
- Aún queda fuego en la chimenea –dijo Paracelso.
- Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
- ?Una palabra? –dijo con extra?eza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ?Qué habías para que resurgiera?
Paracelso le miró con tristeza.
- El atanor está apagado –repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.
- No me atrevo a preguntar cuáles son –dijo el otro con astucia o con humildad.
- Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos ense?a la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
- Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
- Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas. Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
- Además, ?quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ?Qué has hecho para merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
- Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos a?os que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
- Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá estén en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
- He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Se?or exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ?Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompa?ó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue pu?ado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.
Jorge Luís Borges.
La Palabra
"En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros… ".
22 diciembre 2006
De Ramales a Los Vosgos
Te marchaste de Madrid sin escribir la crónica de Ramales. Recuerdas que ya había oscurecido pero la temperatura todavía era agradable. La plaza sin las sombrillas y las palomas era sólo un espacio irregular de fachadas históricas sin armonía entre ellas. Acaso su fealdad cenicienta, de legionarios con móviles y edificios a medio construir te hacían quererla como a esa amiga medio cieguita que te llena de congoja. O acaso la melancolía inusitada surgía de aquellos inviernos en que la atravesabas camino de la Escuela.
Te has ido de la crónica
Aquí, de nuevo, sentada enfrente de la mesa, pero qué mesa, la del café de Ramales o la del Café Hugo en la Plaza des Vosgues. En Paris diluviaba, pasaste la ma?ana en la Shakespeare & Company, luego visitaste las librerías de viejo de la rue de la B?cherie, cuyos escaparates ense?aban libros de Witoldo. El viento sacudía los paraguas y no te dejaba abrir los ojos, más tarde, empapada, te enamoraste de Dora Maar aux ongles verts.
La casa de Víctor Hugo continuaba en una de las esquinas de la plaza.
De nuevo, suena el móvil
Joaquín es el primero que llegó a Ramales, la camarera, una joven robusta de Angola, nos aconsejó que no leyéramos demasiado, un poco sí, pero no mucho, mi tía sabía cinco idiomas y tenía tres carreras, allí, en Luanda, y un día comenzó a hablar con los espejos, nos contaba con cara circunspecta mientras nos servía el café con leche y las magdalenas, ya os digo, poquito, que termináis como mi tía que ya solo atiende a los espejos. Joaquín y yo nos reíamos y entre sorbitos yo le contaba que en Paris había una plaza cuadrada con un jardín central rodeado de mansiones del diecisiete y que Víctor Hugo siempre escribía de pie. Y se ve que Hemingway le imitó el hábito, Joaquín, aunque el americano a maquina, allí en Cuba, donde vive una amiga medio cieguita que me llena de congoja.
Te has ido de la crónica
Aquí, de nuevo, sentada enfrente de la mesa, pero qué mesa, la del café de Ramales o la del Café Hugo en la Plaza des Vosgues. En Paris diluviaba, pasaste la ma?ana en la Shakespeare & Company, luego visitaste las librerías de viejo de la rue de la B?cherie, cuyos escaparates ense?aban libros de Witoldo. El viento sacudía los paraguas y no te dejaba abrir los ojos, más tarde, empapada, te enamoraste de Dora Maar aux ongles verts.
La casa de Víctor Hugo continuaba en una de las esquinas de la plaza.
De nuevo, suena el móvil
Joaquín es el primero que llegó a Ramales, la camarera, una joven robusta de Angola, nos aconsejó que no leyéramos demasiado, un poco sí, pero no mucho, mi tía sabía cinco idiomas y tenía tres carreras, allí, en Luanda, y un día comenzó a hablar con los espejos, nos contaba con cara circunspecta mientras nos servía el café con leche y las magdalenas, ya os digo, poquito, que termináis como mi tía que ya solo atiende a los espejos. Joaquín y yo nos reíamos y entre sorbitos yo le contaba que en Paris había una plaza cuadrada con un jardín central rodeado de mansiones del diecisiete y que Víctor Hugo siempre escribía de pie. Y se ve que Hemingway le imitó el hábito, Joaquín, aunque el americano a maquina, allí en Cuba, donde vive una amiga medio cieguita que me llena de congoja.
18 diciembre 2006
NAVIDADES
Mientras las familias se juntan, la literatura parece dispersarse en Navidades. Las letras escapan del calor de los diccionarios y vagabundean por lugares inhóspitos y frios. Me pica la garganta y en ocasiones la voz se me detiene. Me ocurre con frecuencia, sobre todo cuando no escribo. Me dedico a leer cuentos rusos. No de Gogol ni de Tolstoi ni de Dostoiewski, ni siquiera de Chejov, (aunque más me valiera). Son historias de "no escritores" rusos que escriben. Recorro bibliotecas. El jueves tengo audición de Haikus. Los leerá una japonesa. El Haiku reclama una caligrafía y una declamación propia. Imagino que pasaré las Navidades en El Escorial pero no lo tengo seguro. No me gustan las calefaciones excesivas y tengo que cojer el punto para no pasar frio. Atrapo las letras que me llegan perdidas y construyo algunas palabras sin sentido. Las detengo en la pantalla del blog. Ma?ana es martes y deberé afeitarme.
08 diciembre 2006
Pamuk, último Nobel de Literatura, en Suecia
Os paso el enlace a un artículo de El País, en el que comentan el discurso al recibir el Nobel.
http://www.elpais.com/articulo/Pamuk/construye/encendida/defensa/papel/literatura/discurso/Nobel/elpepucul/20061207elpepucul_2/Tes
http://www.elpais.com/articulo/Pamuk/construye/encendida/defensa/papel/literatura/discurso/Nobel/elpepucul/20061207elpepucul_2/Tes
02 diciembre 2006
De novelas... ?Cómo empiezan?
24. Soy un hombre enfermo... Soy un hombre despechado. Soy un hombre antipático. Creo que padezco del hígado. sin embargo, no sé nada de mi dolencia ni sé a ciencia cierta de qué padezco. No estoy en tratamiento ni nunca lo he estado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Por a?adidura, soy sumamente supersticioso, al menos lo suficiente para respetar la medicina. (Soy lo bastante culto para no ser supersticioso, pero soy supersticioso.) No se?or, me niego a ponerme en tratamiento por puro despecho. He ahí algo que ustedes probablemente no comprenden. Ahora bien, yo sí lo comprendo. Yo, por supuesto, no sabría explicarles contra quién precisamente va dirigido mi despecho en este caso; sé perfectamente que no puedo "jorobar"a los médicos por el hecho de no consultar con ellos; sé mejor que nadie que el único perjudicado en esto soy yo y sólo yo. En todo caso, si no me pongo en tratamiento es por despecho. ?Que mi higado está mal? ?Bueno, pues que se ponga peor!
Así llevo viviendo desde hace largo tiempo: unos veinte a?os. Ahora tengo cuarenta. Antes era funcionario público, pero ahora no lo soy. Era un mal funcionario: grosero y gustoso de serlo. En todo caso no me dejaba sobornar, por lo que eso, al menos, me servía de compensación.
23 noviembre 2006
Surfeando por las olas del espacio
Lamento ser tan prosaica en mi entrada. No llevo una temporada prolífica sino todo lo contrario.
He caído en la redes de Telefónica. Cambio de ordenador, a un portátil, y he contratado ADSL wifi. Ahora ya podré hacer pruebas e inventos con nuestro barandal, pero sin cargarme nada. Porque me han dicho que hay unos programitas que te bajan todo el blog al ordenador, para trabajar en local, y cuando estás seguro de lo que has hecho lo puedes subir sin riesgo a perder e?es por el camino, ni otros signos de esos que sólo notas su importancia cuando de repente, desaparecen de la página sin dejar rastro.
Tengo Ferdidurke. Es mío. Lo he comprado.
Pero aún no lo he hecho mío. No he llegado ni a la página diez.
Espero empaparme el próximo martes, con vuestras intervenciones.
Hoy he estado en el Centro de Arte Moderno.
Exposición en torno a Julio Cortazar.
Me llevé una agradable sorpresa: Mariángeles Fernández estaba allí, era una de las artífices de la exposición que giraba en torno a una investigación suya y muchas fotos por Italia, de su cámara.
La exposición surgió por un poema de Luisa ?Jodorowsky?, argentina, que envía a Cortazar. Cortazar, separado, lo recibe en su casa de París y, emocionado, se sienta y le escribe una carta. En realidad la exposición surgió por el hallazgo de la carta de Cortazar a Luisa. A partir de allí comienzan a investigar y contactan con Luisa, quien reconoce que la carta está dirigida a ella y que es la autora del poema. Mariangeles viaja a Roma y hace fotos de varios sitios significativos de la vida de Cortazar en Roma y mencionados en esa carta.
Fue muy, muy interesante. A la inauguración de la exposición asistió la poeta, Luisa, que contó alguna anécdota de su relación con Cortazar.
Os la recomiendo. El Centro de Arte Moderno --peque?ito-- está en c/Gobernador 25, en el Barrio de las Letras, llegando al P? del Prado. (Veamos si mantenemos el símbolo "?", o lo hemos perdido también en el naufragio).
He caído en la redes de Telefónica. Cambio de ordenador, a un portátil, y he contratado ADSL wifi. Ahora ya podré hacer pruebas e inventos con nuestro barandal, pero sin cargarme nada. Porque me han dicho que hay unos programitas que te bajan todo el blog al ordenador, para trabajar en local, y cuando estás seguro de lo que has hecho lo puedes subir sin riesgo a perder e?es por el camino, ni otros signos de esos que sólo notas su importancia cuando de repente, desaparecen de la página sin dejar rastro.
Tengo Ferdidurke. Es mío. Lo he comprado.
Pero aún no lo he hecho mío. No he llegado ni a la página diez.
Espero empaparme el próximo martes, con vuestras intervenciones.
Hoy he estado en el Centro de Arte Moderno.
Exposición en torno a Julio Cortazar.
Me llevé una agradable sorpresa: Mariángeles Fernández estaba allí, era una de las artífices de la exposición que giraba en torno a una investigación suya y muchas fotos por Italia, de su cámara.
La exposición surgió por un poema de Luisa ?Jodorowsky?, argentina, que envía a Cortazar. Cortazar, separado, lo recibe en su casa de París y, emocionado, se sienta y le escribe una carta. En realidad la exposición surgió por el hallazgo de la carta de Cortazar a Luisa. A partir de allí comienzan a investigar y contactan con Luisa, quien reconoce que la carta está dirigida a ella y que es la autora del poema. Mariangeles viaja a Roma y hace fotos de varios sitios significativos de la vida de Cortazar en Roma y mencionados en esa carta.
Fue muy, muy interesante. A la inauguración de la exposición asistió la poeta, Luisa, que contó alguna anécdota de su relación con Cortazar.
Os la recomiendo. El Centro de Arte Moderno --peque?ito-- está en c/Gobernador 25, en el Barrio de las Letras, llegando al P? del Prado. (Veamos si mantenemos el símbolo "?", o lo hemos perdido también en el naufragio).
21 noviembre 2006
Después de haber leído vuestras valiosas y polémicas aportaciones sobre trama y final, y apuntando en otra dirección, se me ocurre algo más.
Hace poco fui a ver una exposición de arte fractal y creo reconocer en la novela una estructura muy parecida a esos insólitos cuadros, que también tienen que ver con la teoría del caos.
"Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. El término fue propuesto por Benoît Mandelbrot en 1975. En muchos casos los fractales pueden ser generados por un proceso recursivo o iterativo capaz de producir estructuras autosimilares independientemente de la escala específica. Los fractales son estructuras geométricas que combinan irregularidad y estructura".
Hace poco fui a ver una exposición de arte fractal y creo reconocer en la novela una estructura muy parecida a esos insólitos cuadros, que también tienen que ver con la teoría del caos.
"Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. El término fue propuesto por Benoît Mandelbrot en 1975. En muchos casos los fractales pueden ser generados por un proceso recursivo o iterativo capaz de producir estructuras autosimilares independientemente de la escala específica. Los fractales son estructuras geométricas que combinan irregularidad y estructura".
15 noviembre 2006
Cosmos, la trama, y otros pollos
De las definiciones de trama que contempla el diccionario de la RAE, podemos elegir dos. La primera, susurra ecos jamesianos: conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela. El autor de Otra vuelta de tuerca utilizaba el símil de la tela para explicar cómo se debía escribir una novela. La segunda (cuarta para la RAE) y menos evocativa nos dice: disposición interna, contextura, ligazón entre las partes de un asunto u otra cosa, y en especial el enredo de una obra dramática o novelesca.
Aristóteles, en la Poética, epígrafe XVIII, nos instruía:
“Son propios de toda tragedia tanto el nudo como el desenlace. Lo de fuera y algunas cosas de dentro son muchas veces el nudo, y lo demás el desenlace. Digo que es nudo, la parte desde el principio hasta esa parte que es el extremo a partir del cual se cambia a la felicidad o a la desgracia; y desenlace, la parte desde el comienzo del cambio hasta el final.
Antes, en el epígrafe VIII (30), afirmaba:” Es preciso, entonces, que así como en las demás artes imitativas la imitación única lo es de una sola cosa, también la trama como imitación de una acción, lo sea de una sola y de toda ella y también es preciso componer las partes de los hechos de tal manera que, cambiada o anulada alguna parte, se transforme o modifique el todo. Pues aquello que, estando o no estando no hace nada notable, no es ninguna parte del todo”.
Y antes de irme a almorzar, releo:
“ Bertold Brecht, en sus críticas a la ortodoxia estética estalinista la había calificado indirectamente de aristotélica, porque, en efecto, los principios que exigía Luckács al realismo socialista, el de la unidad formal en la que deberían realizarse las contradicciones de la historia en la obra de arte; el de la unidad orgánica (concebida como trama de sucesos casualmente interrelacionados) así como su concepción del personaje como “ carácter típico”, es decir como héroe positivo “que expresara” el movimiento de las fuerzas sociales combinando la concepción arquetípica del personaje de Aristóteles con el carácter individualizado como tipo del realismo decimonónico para promover, así, la identificación con el héroe, por parte del lector…”.
“Brecht calificó su propia teoría del realismo de anti-aristotélica, lo cual era un modo de atacar a sus adversarios. BB ya no hace de la mimesis sino de la ruptura con este principio su alternativa estética desautomatizadora, experimental pero a la vez comprometidamente social: repudio de la trama interconectada, de la unidad y universalidad de la acción…”.
Adios, que se me enfría el pollo.
13 noviembre 2006
De novelas...
Arranque.
22. El martes me desperté a esa hora inanimada y nula en que la noche ya está por terminar y sin embargo todavía no ha nacido el alba. Descansaba en una luz turbia y mi cuerpo sentía un temor mortal que me oprimía el alma, y el alma a su vez oprimía el cuerpo..., y hasta la menor de mis partículas se contorsionaba en el presentimiento atroz de que no ocurriría nada, nada cambiaría, nunca pasaría nada, y aun cualquier cosa que se emprendiese no sucedería nada y nada. Los sue?os, que me habían despertado luego de molestarme durante la noche, explicaban las razones de ese espanto.
22. El martes me desperté a esa hora inanimada y nula en que la noche ya está por terminar y sin embargo todavía no ha nacido el alba. Descansaba en una luz turbia y mi cuerpo sentía un temor mortal que me oprimía el alma, y el alma a su vez oprimía el cuerpo..., y hasta la menor de mis partículas se contorsionaba en el presentimiento atroz de que no ocurriría nada, nada cambiaría, nunca pasaría nada, y aun cualquier cosa que se emprendiese no sucedería nada y nada. Los sue?os, que me habían despertado luego de molestarme durante la noche, explicaban las razones de ese espanto.
08 noviembre 2006
Pobres padres
No sé qué ocurrió en la tertulia del otro día, pero Cosmos termina a tiempo porque no tiene trama, lo que la vincula al Nouveau Roman. De hecho, creo que es un diario “novelizado”, donde solo importan el lenguaje- el uso constante de la homeología nos lleva a una cosmovisión repetitiva, enojosa, tediosa e inútil- y la Weltanschuung ( psicoanalista, surrealista, existencialista, mágica) de un Witold escritor, narrador y protagonista (ruptura del pacto ficción). Cosmos, con una estructura de monólogo helicoidal nos sumerge en las obsesiones de un héroe post-moderno, que un día salió de su casa para intentar aprobar un examen, al menos, y pasado el verano regresa, sin haber estudiado nada, de nuevo a su hogar: hoy en el almuerzo comimos pollo relleno.
Caos o Cosmos
Por mi parte, encantada de continuar con Gombrowicz pues el libro me pareció apasionante, pero tiene tantos simbolismos que va a ser muy apropiada una segunda apuesta por este autor para despejar dudas.
Cosmos: vocablo que viene del griego y significa, en general, sistema ordenado o armonioso.
Había hecho un resumen de lo que conté el martes y espero no ser demasiado caótica.
Los personajes del libro están inmersos en una lucha entre el caos y el orden. Cuando uno es ni?o o joven vive en el caos, es atrevido, gusta del riesgo. Al ir madurando, se reprimen los deseos, existe más inseguridad, más temores.
A través de los diferentes personajes, el autor describe la influencia de la familia, la religión, la escuela, el trabajo, el matrimonio, instituciones que van sometiendo al hombre a ese orden, a la forma. En definitiva, es la falta de libertad lo que posibilita un orden dentro del caos.
En la novela se pone en cuestión el intento de encontrar un sentido a la vida, de comprender la realidad, de llegar a conocernos y conocer a los demás, etc.
La realidad es construida a partir de la propia percepción y obsesiones. “El secreto de la relación entre las bocas era yo mismo, esa relación se realizaba en mi solo yo”, dice Witold, el narrador.
La comunicación con los demás es difícil, casi imposible. El lenguaje la entorpece, pues no sabemos realmente el significado de las palabras. ?Se puede llegar a saber lo que es la belleza, el amor? Gombrowicz emplea palabras inventadas, frases absurdas, incoherencias. Pienso que en eso enlaza con Ionesco.
Es obsesivo en la utilización del microcosmos y su contrapunto, el macrocosmos. Continuamente pasa de elementos insignificantes al cielo y a las nubes, en una búsqueda del orden. “?Cuántos significados podrían extraerse de esos cientos de hierbajos... y peque?os detalles? ... miré la casa y el jardín y esas grandes formas sintéticas me devolvieron el orden”.
El ambiente es opresivo: calor, objetos punzantes, cortantes, metálicos, oscuridad, suciedad.
Gran fuerza del paisaje y de los objetos. Recurre a la personalización. Se refuerza con ellos la sensación de soledad. “Uno está ausente... debido a las relaciones fragmentarias, caóticas, huidizas... con lo que nos rodea”.
Creo que, aunque los objetos nos ayudan a vivir, como dice Pepe, también nos someten a su tiranía y nos volvemos consumidores en lugar de seres humanos.
Es importante la presencia de la pulsión sexual. La represión sexual lleva a la violencia. Las relaciones se vuelven sadomasoquistas: “si deseaba matarla es porque ella me amaba”, dice Witold.
Fuks dise?a un juego de ruleta, aunque sabe que no servirá para nada: inutilidad de los actos, el azar, la arbitrariedad de los procesos para llegar a la forma.
Ludwik muere porque representa el orden, la forma: es meticuloso, educado, habla de la organización racional del mundo. Su suicidio me conecta con un artículo que leí hace unos días sobre la vida en Noruega, donde la vida es fácil, con una red de servicios sociales excelente, pero un índice de suicidios altísimo. Me imagino que ese mundo tan ordenado hace que se carezca de deseos y conduce a la muerte.
El libro comienza con sol pero todo está negro y termina con una noche luminosa, justo lo contrario. El diluvio arrastra y lava todo. Se acaban las fantásticas conjeturas, vuelven al mundo que los condiciona: “todo caía, se derrumbaba”.
Cosmos: vocablo que viene del griego y significa, en general, sistema ordenado o armonioso.
Había hecho un resumen de lo que conté el martes y espero no ser demasiado caótica.
Los personajes del libro están inmersos en una lucha entre el caos y el orden. Cuando uno es ni?o o joven vive en el caos, es atrevido, gusta del riesgo. Al ir madurando, se reprimen los deseos, existe más inseguridad, más temores.
A través de los diferentes personajes, el autor describe la influencia de la familia, la religión, la escuela, el trabajo, el matrimonio, instituciones que van sometiendo al hombre a ese orden, a la forma. En definitiva, es la falta de libertad lo que posibilita un orden dentro del caos.
En la novela se pone en cuestión el intento de encontrar un sentido a la vida, de comprender la realidad, de llegar a conocernos y conocer a los demás, etc.
La realidad es construida a partir de la propia percepción y obsesiones. “El secreto de la relación entre las bocas era yo mismo, esa relación se realizaba en mi solo yo”, dice Witold, el narrador.
La comunicación con los demás es difícil, casi imposible. El lenguaje la entorpece, pues no sabemos realmente el significado de las palabras. ?Se puede llegar a saber lo que es la belleza, el amor? Gombrowicz emplea palabras inventadas, frases absurdas, incoherencias. Pienso que en eso enlaza con Ionesco.
Es obsesivo en la utilización del microcosmos y su contrapunto, el macrocosmos. Continuamente pasa de elementos insignificantes al cielo y a las nubes, en una búsqueda del orden. “?Cuántos significados podrían extraerse de esos cientos de hierbajos... y peque?os detalles? ... miré la casa y el jardín y esas grandes formas sintéticas me devolvieron el orden”.
El ambiente es opresivo: calor, objetos punzantes, cortantes, metálicos, oscuridad, suciedad.
Gran fuerza del paisaje y de los objetos. Recurre a la personalización. Se refuerza con ellos la sensación de soledad. “Uno está ausente... debido a las relaciones fragmentarias, caóticas, huidizas... con lo que nos rodea”.
Creo que, aunque los objetos nos ayudan a vivir, como dice Pepe, también nos someten a su tiranía y nos volvemos consumidores en lugar de seres humanos.
Es importante la presencia de la pulsión sexual. La represión sexual lleva a la violencia. Las relaciones se vuelven sadomasoquistas: “si deseaba matarla es porque ella me amaba”, dice Witold.
Fuks dise?a un juego de ruleta, aunque sabe que no servirá para nada: inutilidad de los actos, el azar, la arbitrariedad de los procesos para llegar a la forma.
Ludwik muere porque representa el orden, la forma: es meticuloso, educado, habla de la organización racional del mundo. Su suicidio me conecta con un artículo que leí hace unos días sobre la vida en Noruega, donde la vida es fácil, con una red de servicios sociales excelente, pero un índice de suicidios altísimo. Me imagino que ese mundo tan ordenado hace que se carezca de deseos y conduce a la muerte.
El libro comienza con sol pero todo está negro y termina con una noche luminosa, justo lo contrario. El diluvio arrastra y lava todo. Se acaban las fantásticas conjeturas, vuelven al mundo que los condiciona: “todo caía, se derrumbaba”.
07 noviembre 2006
Por alusiones
En Cosmos, el sol actúa como correlato objetivo. Parece que a Witold – protagonista, narrador y escritor-, el sol le afecta como a Meursault, el protagonista de El Extranjero, de Camus. Acaso la textura narrativa, al describir el calor, es menos expresiva que en El Extranjero. Witold asesina a un gato y Meursault a un árabe. Witold también se parece al protagonista de La Nausea, de Sartre. Como nos relata Sábato en el prólogo de Ferdydurke, Gombrowicz juega con las ideas del existencialismo: la nada, la libertad, la autenticidad y la angustia, pero en el caso de Cosmos la que le entra al lector con la inmadurez del protagonista.
Cosmos nos lleva al psicoanálisis, no hay que olvidar que Witold es un fetichista: la boca deformada de Katasia, la boca de Lena. Y las manos, manos, manos (por cierto, Homeología: figura del lenguaje, repetición enojosa, tediosa, o inutil). Pulsión sexual reprimida. La violación de un dormitorio. Eros y Tanatos. Y de la obra de Freud al surrealismo.Recuerdo a Max Ernst, quien podría haber dibujado el hilo – como en A la primera palabra pura, 1923- atado al pájaro y a la boca de Lena.
En fin, ahora llueve mucho.
?Donde están las e?es?
Convertidas en signos de interrogación, las e?es parecen haber sido metamorfoseadas por un aciago demiurgo. ?Se podrán algún día recuperar para la causa? Mientras tanto me alucino con la lectura de Ferdydurke cuya filosofía sobre la inmadurez me está llegando de un modo inesperado. Me gusta todavía más que Cosmos y entiendo que es muy congruente la lectura "seguida" de ambos libros para que los ánimos no se enfríen. El final, un tanto abrupto, de nuestra anterior tertulia dejó muchas puertas y ventanas abiertas que no hacen sino ventilar nuestras mentes y espíritus.
Nos faltó mucho por escuchar de Adla y todo de Ana que a estas alturas imagino ya formando parte del Caos. Nos faltó sobre todo la palabra de Pura, de Carmen y de Sara. La tertulia sobre Gombrowicz quedó abierta, y no queda más que retomarla. Y que Sara nos cuente lo de los correlatos, que yo tan malamente supe explicar. (Y, por cierto, algo que quería contar. El otro grupo convocó una proxima tertulia para fin de més, en cualquier fecha que no sea martes, por ser nuestro día. Hemos ganado la batalla.) Ahora tengo un poco de faringitis pero pronto se me va a pasar, lástima que no esté por aquí Lena para cuidarme.
Nos faltó mucho por escuchar de Adla y todo de Ana que a estas alturas imagino ya formando parte del Caos. Nos faltó sobre todo la palabra de Pura, de Carmen y de Sara. La tertulia sobre Gombrowicz quedó abierta, y no queda más que retomarla. Y que Sara nos cuente lo de los correlatos, que yo tan malamente supe explicar. (Y, por cierto, algo que quería contar. El otro grupo convocó una proxima tertulia para fin de més, en cualquier fecha que no sea martes, por ser nuestro día. Hemos ganado la batalla.) Ahora tengo un poco de faringitis pero pronto se me va a pasar, lástima que no esté por aquí Lena para cuidarme.
05 noviembre 2006
Ejem...
... creo que me he cargado el blog.
Estaba intentando copiarlo al disco duro, para hacer copias digitales para todos, y me he cargado el formato. He estado intentando recuperarlo y creo que casi lo he conseguido. He recuperado casi todos los acentos, pero no consigo recuperar las "?".
Aunque sea muy tedioso, os pido si podéis repasar vuestras entradas para corregir las erratas que se hayan colado. Por ejemplo, todavía no he corregido los comentarios. (No tengo ADSL y mi línea va muy lenta).
?Lo siento!
Estaba intentando copiarlo al disco duro, para hacer copias digitales para todos, y me he cargado el formato. He estado intentando recuperarlo y creo que casi lo he conseguido. He recuperado casi todos los acentos, pero no consigo recuperar las "?".
Aunque sea muy tedioso, os pido si podéis repasar vuestras entradas para corregir las erratas que se hayan colado. Por ejemplo, todavía no he corregido los comentarios. (No tengo ADSL y mi línea va muy lenta).
?Lo siento!
01 noviembre 2006
Lena
Tal vez no fuera tan casquivana, pero estoy casi seguro de que se la pegaba a Ludwik, su marido, que era un soso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)